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No, el problema no son los leads: es tu sistema de ventas inexistente

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Hay una junta que se repite en todas las empresas de México y probablemente del mundo.

Ventas dice: "los leads que nos manda marketing están malísimos, no califican, son curiosos".

Marketing contesta: "nosotros entregamos los contactos, el equipo de ventas no sabe darle seguimiento".

Y ahí se quedan. Meses. A veces años.

Yo estuve de los dos lados de esa mesa. Y te voy a decir algo incómodo: casi siempre los dos tienen razón en el diagnóstico del otro, y los dos están equivocados sobre la causa.

La cocina está. El pedido no llega.

Imagínate que abres un restaurante y contratas al mejor equipo de volanteo de la ciudad.

Funciona. La gente llega. Se llena el lugar.

Atrás hay una cocina de punta. Chefs. Fuego. La comida, lista para ser servida a los clientes.

El problema es lo que pasa entre la mesa y el fuego.

Los meseros anotan en servilletas. Las servilletas se pierden. Nadie pasa la comanda. Tres mesas llevan cuarenta minutos esperando a que alguien se acuerde de ellas.

La cocina está lista y el recado no llegó.

¿De quién es la culpa de que nadie regrese?

No es del volanteo, ni de los meseros, ni de los chefs. El problema es que el negocio no tenía el sistema que convierte "gente que llega" en "gente que come": el que pasa el pedido de la mesa a la cocina, con dueño, con fecha, sin servilleta.

Eso es exactamente lo que le pasa a un negocio que genera leads y no cierra.

Lo aprendí a la mala 🙈

Cuando digo que vengo de marketing, suena a que lo estudié primero. Lo aprendí a la mala.

Mi primer software era el mejor que había hecho. De verdad lo creía. El producto estaba bien. Y no vendía.

Ahí entendí algo que a un ingeniero le duele en el orgullo: para que un negocio venda, te toca VENDER.

Tener un buen producto no era suficiente. La gente tenía que conocerlo.

Eso me llevó a estudiar marketing. En serio: qué es un buyer persona, cómo se construye un funnel, cómo se arma una campaña de Google Ads y una de Meta, y todo lo relacionado con generar un buen SEO y SEM.

Y, sobre todo, a aprender a vender.

El producto empezó a crecer. Empezaron a llegar clientes.

Después armamos una agencia de marketing con otros socios, para impulsar a otros clientes.

Más de 100 a lo largo de los años, en nichos de diferentes industrias. Cada uno me trajo aprendizajes nuevos.

Ropa y gorras de la F1 para una marca reconocida en México. Maquillaje. Servicios de diseño. Paneles solares. Recolección de basura. Y varios más.

Esos aprendizajes no se quedaron en la agencia. Lo que hicimos con nuestros propios sistemas se lo pasamos a ellos, para que nuestros clientes pudieran facturar más.

Porque el mismo problema se repetía. Una y otra vez.

Empezamos a instalar sistemas de ventas con los clientes, además de hacerles el marketing, para que las cosas realmente funcionaran.

Por eso, cuando Bolteam arrancó como agencia, ya teníamos experiencia generando demanda para otros clientes. Porque ya nos había tocado aprenderlo a la mala.

Lo que nos pasó en Bolteam

Esta historia es la que me cambió la forma de ver el problema.

Hicimos lo que sabíamos: prendimos la máquina. Y funcionó.

Empezaron a llegar leads. Muchos. Teníamos contactos de sobra. Gente interesada. Conversaciones abiertas.

Y nos estrellamos contra una pared.

No contra la pared que uno esperaría. La gente entendía la propuesta, le hacía sentido, veía el valor.

Se nos caían de todas formas.

Se caían en el hueco que hay entre "me interesa" y "te contrato". Ese espacio donde alguien te escribe un jueves, tú le contestas, quedan de hablar la siguiente semana… y nadie vuelve a tocar el tema.

No porque no quisiéramos: no había nada que nos obligara a acordarnos.

La información vivía en la cabeza de quien atendió la conversación. Si esa persona estaba entregando un proyecto, el prospecto esperaba. Si el prospecto esperaba lo suficiente, el prospecto se iba.

Nadie tomó una mala decisión. No había un sistema de cómo debíamos contactar al cliente:

  • Cuántas veces se toca a un prospecto
  • En qué punto se cotizan los servicios
  • Cómo se presenta la cotización para aportar valor
  • Cuántas veces se vuelve a contactar para cerrar
  • Qué mensaje mandábamos en cada caso

Nos tocó experimentar. Fuerte.

Ya lo había escrito: sin sistema, tú eres la cuerda. En Bolteam lo vivimos con leads. Muchos. Y un hueco en el medio.

El momento en que cae el veinte

Lo peor de esto es que el diagnóstico obvio es el equivocado.

Cuando se te caen los clientes, tu primer instinto es: "necesito más leads". Entonces le subes al gasto de adquisición.

Y lo que haces es meter MÁS agua a una cubeta agujerada.

Ahora tienes el doble de prospectos cayéndose por el mismo hueco, gastas el doble, y además tu equipo está más saturado, así que el seguimiento empeora.

Es de las pocas situaciones en negocios donde hacer más de lo que ya haces te deja peor que no hacer nada.

Nosotros tuvimos que parar y aceptar algo que no queríamos aceptar: el problema no estaba arriba del embudo, donde somos buenos. Estaba en medio, donde no teníamos nada.

Lo que cambiamos

Y aquí viene la parte menos glamorosa y más importante.

No contratamos un vendedor estrella. No cambiamos el pitch. No bajamos el precio.

Profesionalizamos el negocio. Que en la práctica quiere decir tres cosas aburridísimas:

1. Estructura. Etapas definidas. Un prospecto está en una etapa específica, no en un limbo. Y cada etapa tiene un siguiente paso con dueño y con fecha. Si no tiene fecha, no existe.

2. Reportes. Dejamos de operar por sensación. "Creo que vamos bien" dejó de ser una frase válida. Cuántos entraron, cuántos avanzaron, cuántos se cayeron y EN QUÉ ETAPA se cayeron. Ese último dato es el que más duele y el que más sirve.

3. Un sistema que respalda la información. Que la conversación no viva en el celular de una persona. Que si mañana esa persona se enferma, el prospecto no se pierde.

Ese tercer punto suena a detalle técnico. Es el corazón de todo.

Mientras la información de tus clientes viva en la memoria de tu gente, tu negocio no tiene proceso de ventas. Tiene suerte.

Lo mismo de cuando el recado vive en seis apps. Si no está en un lugar, no es tuyo.

La guerra marketing contra ventas, explicada

Volviendo a la junta del principio.

Después de años acercándole prospectos a clientes desde la agencia, vi la misma escena tantas veces que dejó de parecerme coincidencia.

Marketing entrega contactos. Ventas dice que están malos. Y nadie puede probar quién tiene razón, porque no hay un registro de lo que pasó con cada contacto.

Ahí está todo el problema.

No es una pelea de egos ni de departamentos. Es una pelea que existe porque no hay un sistema que guarde la verdad.

Con sistema, la conversación cambia por completo:

  • "De los 200 leads del mes, 140 nunca recibieron un primer contacto." → El problema es de ventas, y es concreto.
  • "De los 60 contactados, 55 dijeron que buscaban otra cosa." → El problema es de marketing, y es concreto.
  • "Los que sí calificaban avanzaron dos etapas y ahí se murieron." → El problema es el proceso, no las personas.

Fíjate que ninguna de esas tres conclusiones se puede sacar de una junta. Solo se pueden sacar de un registro.

La guerra entre marketing y ventas no se resuelve con mejor comunicación. Se resuelve con datos que nadie puede discutir.

Cómo saber si tú estás en esto

Cinco preguntas. Contéstalas en voz alta, sin buscar en ningún lado:

  1. ¿Cuántos prospectos entraron el mes pasado?
  2. ¿A cuántos de esos NADIE les contestó?
  3. ¿En qué etapa se te cae la mayoría?
  4. Si tu mejor vendedor renuncia mañana, ¿qué pasa con sus conversaciones abiertas?
  5. ¿Cuánto tardas en promedio en dar el primer contacto?

Si no pudiste con tres o más, no tienes un problema de leads ni de vendedores.

Tienes un problema de sistema. Y la buena noticia es que ese se arregla — es mucho más barato que conseguir más tráfico, y es lo único que hace que el tráfico que ya pagaste sirva de algo.

Por dónde empezar esta semana

No necesitas software para arrancar. Necesitas decidir tres cosas:

  1. Cuáles son tus etapas. Cinco máximo. Escríbelas. Si tu equipo no las puede recitar, no existen.
  2. Cuánto tiempo puede vivir un prospecto sin que lo toques. 48 horas, 72, lo que sea. Pero un número. Pasado ese número, algo tiene que gritar.
  3. Dónde vive la información. UN lugar. No el celular de Juan más el correo de María más un Excel.

Eso ya es un sistema. Feo, pero sistema.

Lo demás viene después.

Ese aprendizaje también es uno de los porqués existe Actiun hoy.

Vi el hueco en mi producto, en la agencia y en los clientes. Les instalamos el marketing y, después, el sistema de ventas, para que pudieran facturar más y el pedido llegara a la cocina.

De ahí se armó lo que es hoy: un sistema integral para empresas. El CRM, la factura, el cobro y la conversación del proceso, en un solo lugar.